lunes, 15 de septiembre de 2008

La gran noche de Obama


Fue la noche que todos los demócratas esperaban. Aquella en la que, dejando de lado las divisiones internas entre partidarios de Hillary Clinton y seguidores de Barack Obama todos se unieron en torno a un único candidato: el primer afroamericano que representa a un gran partido en la carrera hacia la Casa Blanca. El Yes, we can (nosotros podemos) del senador de Illinois resonó ayer con una fuerza asombrosa entre las paredes del Pepsi Center de Denver.

La jornada tuvo un in crescendo emocional. Por la tarde Obama fue elegido formalmente candidato a presidir Estados Unidos por aclamación, entre bailes, aplausos, canciones y llantos de emoción de los delegados. Después, el expresidente Bill Clinton, con quien el senador de Illinois ha mantenido una relación difícil, se deshizo en halagos hacia el candidato y dejó claro que estaba más que preparado para gobernar. Y, finalmente, el senador de Delaware Joe Biden aceptó su nombramiento como candidato a vicepresidente con un discurso emotivo y personal tras el cual Obama se unió a él en el escenario. Era una sorpresa. El Pepsi Center vibraba. Los asistentes rugían. Habían llegado ya a su clímax. "Menuda noche", decían muchos a la salida. "Esto ha sido algo especial".
El discurso de Bill Clinton no tuvo fisuras. No sólo hizo una enumeración de las razones por las que creía que los republicanos han deshecho el país y deben desalojar la Casa Blanca sino que elaboró una encendida defensa de las cualidades personales de Barack Obama para ser presidente del país. Su mujer, Hillary, que ofreció su discurso la noche del martes, había pedido de forma inequívoca el apoyo para su ex rival en las primarias, pero sin ensalzar y detallar sus aptitudes a pesar de que durante los meses que duró la guerra fraticida lo tachó de forma reiterada de inexperto e incapaz.
El ex presidente Clinton, que hasta el momento no había apoyado en exceso al candidato, fue ayer mucho más allá que su mujer: se deshizo en elogios y despejó cualquier duda sobre la adhesión absoluta de los Clinton al senador. "Yo os digo: Barack Obama está preparado para liderar América y restaurar el liderazgo de América en el mundo", afirmó. "Está preparado para preservar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos. Barack Obama está listo para ser presidente de Estados Unidos". La concurrencia rompió a aplaudir y vitorear mientras agitaba sus banderas de barras y estrellas. Fue una de las grandes ovaciones de la noche.
El postre de la velada fue Joe Biden, el veterano senador de Delaware experto en política exterior que aceptaba su nombramiento como candidato a vicepresidente. Biden, que fue presentado por su hijo, ofreció un emotivo discurso en el que habló de su vida y sus orígenes humildes. Tanto Biden como Obama, ambos procedentes de familias sin posibles y con brillantes carreras logradas gracias a su esfuerzo, se están presentando ante los ciudadanos como representantes del sueño americano, un sueño en el que todo es posible pero que ahora, con los republicanos en el poder, está en peligro.
Biden, que se definió como "amigo de verdad" de John McCain, dijo que, a pesar de ello, el republicano no está preparado para llevar a Estados Unidos a ningún sitio mejor. "La elección en esta campaña está clara", señaló. "Estos tiempos requieren algo más que un buen soldado. Exigen un líder sabio, a alguien que pueda llevarnos hacia el cambio que todos sabemos que hay que hacer y que necesitamos".
Ese líder sabio estaba a punto de hacer una aparición inesperada. La mujer de Biden, Jill, subió al escenario y le dijo que tenía una sorpresa. Barack Obama apareció en el escenario ante los gritos de emoción de los más de 20.000 asistentes. El recién nombrado candidato tuvo palabras de agradecimiento y elogio para todos: para su mujer, Michelle, que ofreció el lunes el discurso inaugural de la convención; para Hillary por su apoyo final; y también para el otro Clinton, del que dijo que había recordado a los ciudadanos "lo que es tener a un presidente que pone a los ciudadanos por delante". La noche se acababa.
La votación para elegir al candidato había sido el principio de la noche de gloria, pero era un momento delicado. Los equipos de campaña de Hillary Clinton y Obama habían acordado que la senadora, que obtuvo 18 millones de votos en las primarias, pudiera también ser votada -supuestamente, para permitir que sus frustrados seguidores se expresaran-. Pero una vez pedida la unidad del partido en torno a Obama el martes, ayer por la mañana Clinton se reunió sus delegados para darles libertad de voto.
A primera hora de la tarde comenzó la elección. Desde el escenario luminoso del Pepsi Center se iban nombrando uno a uno los Estados para que emitieran sus votos. Muchos quedaron divididos: algunos delegados votaban por Clinton y otros -la mayoría- por Obama. Cada vez que sonaba el nombre de este último, el público rugía.
Muchos Estados cambiaron su voto a última hora. New Hampshire, por ejemplo, que apoyó a Clinton en las primarias, dio sus 30 votos a Obama. El portavoz explicó que querían hacer cumplir el sueño de hace 45 años de Martin Luther King. También Florida, que había sido feroz defensora de Clinton, votó en bloque a Obama.
Finalmente llegó el turno de Nueva York, el Estado de Hillary Clinton. La senadora fue recibida con aplausos y la concurrencia en pie. Después de agradecer una vez más el apoyo recibido durante la campaña, pidió a los delegados que pusieran "los ojos en el futuro" y que "con una voz, aquí y ahora" se suspendiera la votación y se proclamara a Barack Obama como el candidato a la presidencia de Estados Unidos.
Los delegados asintieron y aprobaron la candidatura por aclamación mientras lloraban, bailaban, cantaban y gritaban al unísono Yes, we can. La épica que tan bien domina el país que creó Hollywood, la imponente industria creada a partir del arte de contar historias, inundó el Pepsi Center. Era sólo el comienzo de la apoteosis. Después de la división, parece que el optimismo ha calado en la convención. Todos creen estar estar presenciando un momento histórico.