lunes, 15 de septiembre de 2008

El huracán Palin agita el congreso republicano

El candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, clausuró ayer la convención de su partido con un discurso en el que vendió su imagen de independiente e igualó el entusiasmo despertado por su número dos, Sarah Palin. McCain intervino en la madrugada de hoy ante los 2.400 delegados de la convención para aceptar la candidatura desde un podio diseñado en forma de T con la intención de acercarle más al público y dar a la intervención el formato más íntimo que el candidato ha preferido en su campaña. Y es que Sarah Palin superó con nota, según todos los análisis, la prueba de fuego de su discurso ante la convención del Partido Republicano en el que aceptó su nominación para la Vicepresidencia de EEUU en la candidatura de John McCain. Defendiendo su pasado político y asumiendo las vicisitudes familiares relacionadas con su hija embarazada a los 17 años, Palin se metió a los delegados en el bolsillo. Además, aprovechó para atacar al rival demócrata, Barack Obama, a quien acusó de no tener tanta experiencia en política como ella misma. Hace apenas una semana nadie la conocía fuera de Alaska, pero ayer el nombre de Sarah Palin estaba en boca de todo EEUU y con admiración: tras su poderoso discurso la noche del miércoles ante la convención republicana, la candidata a vicepresidenta demostró que tiene un lugar en la primera línea de la política del país.

"Esta noche nació una estrella", afirmó el moderador Chris Wallace, de la conservadora Fox News. Lo mismo opinó Wolf Blitzer, de CNN, la misma cadena a la que los conservadores acusan habitualmente de ser prodemócrata. "Claramente, ha nacido una estrella en EEUU". Analistas y medios no escatimaron ayer elogios para la alocución de Palin. La gobernadora de Alaska fue objeto de un acelerado escrutinio público desde que la semana pasada McCain la designase por sorpresa como su candidata a vicepresidenta. "Ningún especimen de laboratorio fue jamás puesto bajo el microscopio al que fue sometida Sarah Palin", recordó ayer The Boston Herald. Incluso empezó a especularse con una posible renuncia, lo que sería fatal para la candidatura republicana, como bien supo el demócrata George McGovern en 1972 cuando su aspirante a vicepresidente, Tom Eagleton, dimitió después de conocerse que había sido sometido a tratamientos de choque para tratar una afección mental. Pero desde su privilegiado puesto como la principal oradora de la noche, Palin se resarció y contraatacó en su primera aparición en el escenario televisivo de todo el país y en horario de máxima audiencia. Palin describió su familia con ternura, defendió su historial en la política, definió algunas de las políticas de su candidatura, alabó a su nuevo jefe, John McCain, y sobre todo ridiculizó a Obama.


Conocedora de que su audiencia en la convención de Saint Paul entendería de inmediato, Palin echó mano del siempre peligroso sarcasmo y se burló del pasado de Obama como "organizador comunitario", del escenario de "falsas columnas griegas" de su discurso la pasada semana en Denver y hasta del sello de candidato presidencial que lució durante unos días. Con lo que muchos llamaron un "fiero" discurso, Palin se ganó la admiración de los mismos medios a los que atacó crudamente como "la elite" que se negó a aceptarla desde el principio. "(Palin) Atacó con alegría a Obama", escribió Los Angeles Times. "No dejó dudas sobre su resistencia para el combate político", agregó. "La gobernadora de Alaska demostró ser más que capaz de defender con fuerza al candidato John McCain y de conectar algunos puñetazos bastante buenos dirigidos tanto al candidato demócrata como a la elite de Washington", aseguró en un editorial The Washington Post.


El mismo rotativo, sin embargo, también advirtió de que su brillante discurso no borra todas las dudas sobre su "increíblemente delgado currículum", y que "el país necesitará escuchar mucho más" de Palin. En la misma línea se mostró su homólogo demócrata Joe Biden, que se encargó de la respuesta de su partido a Palin. "No escuché una sola palabra sobre la clase media, sobre el seguro sanitario, sobre Afganistán o Pakistán, donde vive Al Qaeda", afirmó el senador por Delaware, que se medirá a Palin en un debate de vicepresidentes el 2 de octubre en San Luis. Pero sin duda, el más satisfecho en todo el país era John McCain, el hombre que tomó una vez más un riesgo para muchos desmedido nombrando a Palin. Tras ver la reacción del público en Saint Paul, el senador se saltó el guión y salió al escenario para abrazar a su nueva mano derecha: "¿No creen que tomamos la decisión correcta para la próxima vicepresidenta de los Estados Unidos?".